
Llegar a la bodega Vistalba produce en el cuerpo un placer incomparable. Contemplarla en toda su dimensión, desde su distinguida fachada hasta su interior, es puro regocijo. Las razones son muchas y variadas: el estilo arquitectónico que combina tradición con vanguardismo; la calidez del grupo humano que lleva adelante el proyecto; la ubicación privilegiada entre countries, chalets y casas de campo; el paisaje de los viñedos que se confunden con la Cordillera de los Andes en el infinito; la alta calidad de los vinos premium, elegantes y complejos y la excelencia gourmet del restaurante La Bourgogne que tiene el sello del inigualable Jean Paul Bondoux. Más no se le puede pedir a este auténtico templo de la buena vida. “Esta es mi casa y siempre quiero tenerla linda”, aclara, en seguida, Carlos Pulenta, winemaker y alma mater de la bodega. Y su afirmación es más que cierta. El lugar está impecable, muy bien cuidado y transmite sensaciones mágicas. Construida en 2002 sobre una antigua finca familiar de la zona más chic de Vistalba (en Luján de Cuyo, muy próximo a la ciudad de Mendoza) la bodega es sinónimo de calidad enológica. Aquí, Pulenta desarrolló su proyecto personal de vinos de corte junto con un sólido equipo que incluye asesores de la categoría de Alberto Antonini, enólogos expertos y apasionados del terroir mendocino. “Tenemos una finca privilegiada, de ensueño, entre el campo y la ciudad, a casi mil metros sobre el nivel del mar. Mi padre Antonio la compró. Por la marcada amplitud térmica diaria y anual y las virtudes ásperas de la tierra, es considerada la cuna del mejor Malbec. Los suelos de tipo aluvional, con canto rodado y muy buen drenaje, permiten que las raíces exploren, en profundidad, de tres o cuatro metros en búsqueda de minerales”, indica. Esta forma del suelo se puede observar detalladamente en la pared del Club V. y cava de la bodega. Es impactante, muy conmovedor. En total, la finca tiene 58 hectáreas de viñedos de más de 60 años de antigüedad, con una densidad de plantación de 6 mil plantas por hectárea, repartidas entre Malbec (35 ha), Bonarda o Corbeau (4-5 ha) y el resto se divide, en partes iguales, entre Cabernet Sauvignon y Merlot.
Además de los viñedos, Vistalba sobresale en la geografía mendocina por su estructura arquitectónica, que combina el adobe y la cultura criolla con las últimas tendencias de ambientación. Esto se aprecia en cada uno de los ambientes, que describiremos a continuación: bodega, lounge, posada, restaurante y Club V.
Bodega: almacena cuatro vendimias. La del año en curso, en pleno procesamiento; la del año anterior, en barriles de añejamiento; otra en la sala de estiba descansando en botellas y, la última, lista para ser comercializada. “El proceso completo, desde la cosecha hasta el embotellado, se lleva a cabo por gravedad, sin la utilización de bombas que dañan el grano de uva y, finalmente, disminuyen la calidad del vino”, explica Pulenta. La cosecha de las uvas se realiza en forma manual y luego de una noche, en que su temperatura se baja a seis grados centígrados, se procede a una doble selección de racimos y granos. Las uvas, enteras y seleccionadas, se depositan en piletas de fermentación de cemento donde –tras una maceración fría de tres a cuatro días- inicia la fermentación. Lo más importante a tener en cuenta es que las piletas se crearon con un sistema elaborado especialmente por Pulenta, a través del cual el control computarizado de temperatura trabaja con tuberías de agua fría y/o caliente, que se encuentran en el centro de las paredes. La crianza de los vinos se realiza en barricas de roble francesas. “Rendimos culto al método de elaboración tradicional, pero también contamos con los recursos más modernos”, sintetiza Alejandro Cánovas, enólogo de Vistalba de la primera hora. Aquí se elaboran todos los vinos de corte: A, B y C. El primero, pasa un año y medio en barricas; el segundo, 12 meses y el tercero, sólo el 20% pasa por madera.
Por su parte, los varietales se producen en la finca que Pulenta tiene en Tupungato, corazón del Valle de Uco. De allí sale la línea Tomero, que se presenta en Gran Reserva Malbec, Reserva Semillón, Petit Verdot, Pinot Noir y Syrah y los Clásicos Chardonnay, Sauvignon Blanc, Rosado, Torrontés, Cabernet Sauvignon y Malbec. “Ambas líneas guardan relaciones paralelas. Corte A y Gran Reserva están en el rango de los $200; Corte B y Reserva se ubican en los $100 y Corte C y los Clásicos, en $40”, concluye Cánovas.
Lounge. Con capacidad para más de 100 personas, es la antesala de la bodega, la bienvenida perfecta para entrar al mundo Vistalba. Es un espacio dedicado, además, a los eventos sociales o reuniones de negocios. “Este espacio es muy importante para relacionarnos con quienes nos visitan. Lo encontramos súper agradable y ameno”, dice Pulenta.
Posada: Es un lugar muy exclusivo y cuenta sólo con dos cálidas habitaciones de 83m2. Lo más agradable es que ambas tienen muy lindas vistas hacia la montaña y la bodega, creando una sensación de absoluto relax. “Este espacio fue pensado para vivir el espíritu de la finca en toda su dimensión. Inspira paz, tranquilidad e invita al descanso. Aquí se hospedan, en su mayoría, clientes y turistas que reservan con anticipación, pues contamos con dos plazas”, explica Francisco Orlando, Gerente Comercial de Vistalba. El huésped tiene la posibilidad de vivir el día a día de la bodega y experimentar el proceso de elaboración del vino, desde la cosecha hasta el embotellado. El turismo enológico ganó un espacio vital en los últimos años. De todos modos, quienes no se hospedan en la posada pueden hacer un recorrido por todas las instalaciones durante una jornada. Son grupos reducidos, que se ponen a disposición de guías que hablan en español e inglés.
La Bourgogne: Cuenta la leyenda que, en 2001, Jean Paul Bondoux andaba por Mendoza y, entre tantas actividades en su agenda, se hizo un tiempito para visitar a su amigo Carlos Pulenta en la bodega, que todavía estaba en plena construcción. Afirman por allí que apenas llegó, exclamó: “¡Aquí voy a abrir un restaurante! Este terreno es fabuloso; me enamoré a primera vista”. Finalmente, su anhelo se cumplió y cuando Vistalba tomó forma definitiva abrió las puertas de La Bourgogne, con el chef Federico Ziegler como líder del equipo gastronómico. “Es muy importante para la industria poder contar con esta marca y el asesoramiento de Jean Paul”, enfatiza Pulenta. La propuesta gourmet combina sabores de productos regionales con técnicas de elaboración francesa. En un ambiente sofisticado y minimalista, el comensal tiene la posibilidad de disfrutar un menú que presenta appetizer, amuse bouche, entrada, plato principal, postre y café con petit fours. Entre las entradas de mar, la casa recomienda Filet de trilla tibio, crêpe de vieyras y vegetales horneados, reducción de vino tinto ($40); Sopa de arvejas y limón con calamares grillados y espuma de parmesano ($36); Tortilla de langostinos, ensalada de choclos baby, recula, vinagreta de tomate ($40); Pulpo español grillado sobre tostada de pan brioche y pimientos en oliva y naranja ($44). Entre las entradas de tierra, Magret de pato Mulard ahumado sobre Carpaccio de pera, reducción de Martini ($50); Mollejas crocantes, membrillos al horno perfumados con jengibre fresco ($38); Selección de quesos de Argentina ($32); Carpaccio de hongos, paté, ensalada de hierbas y vinagreta de jamón crudo ($36). A la hora de los principales, son un elixir Salmón rosado del Pacífico, vegetales de estación, hierbas, vino Chardonnay ($66); Risotto de hinojo, azafrán y pejerrey grillado ($58); Filet de res y croûte de romero, graten de hongos, caracú, salsa de vino ($63); Conejo marinado en curry, jugo de zanahoria y crumble de berenjena ($60). Para el epílogo, Membrillos al horno tipo Tatin con helado de lavanda ($24); Volcán de chocolate y avellanas, sorbet de jengibre ($27); Tarta crocante con mousse de café, banana y capuccino ($25). La Bougogne abre al mediodía (por la noche, sólo para eventos especiales) y el público, en su mayoría, es extranjero. Llegan hasta aquí desde España, Estados Unidos, Francia, Italia y Alemania.
Club V.: “Es mi espacio favorito, el lugar ideal para recibir a los buenos amigos y disfrutar de los mejores vinos”, resalta Pulenta. En la sala de degustaciones de este Club, que lleva la inicial de la bodega, se realizan catas a ciegas o de productos específicos, en un clima ameno pensado para todos aquellos que quieren profundizar sus conocimientos sobre la bebida del dios Baco. Junto al club se encuentra la moderna sala de barricas, muy bien refrigerada, con 15º de temperatura y 80% de humedad.
Todos estos sectores le dan sentido a la bodega, que tiene una estructura muy organizada. Claro que todo nació del ingenio de un líder indiscutido, a quien le dedicamos las próximas líneas.
Lord Pulenta
Parsimonioso, amable, apasionado, estudioso, perfeccionista, sabelotodo. Muchos son los adjetivos calificativos positivos que encajan a la perfección con Carlos Pulenta, un señor con letras mayúsculas. Es, sin duda, un profesional superlativo, que conoce todos los secretos del vino. Segunda generación de una familia con extensa tradición vinícola en Mendoza, de pequeño recorría junto a su padre Antonio los viñedos. “Se generaban hermosas charlas en medio de la vid”, recuerda Pulenta, que pasó su infancia y juventud entre toneles y piletas. Don Antonio y su tío plantaron viñas hace 70 años en la provincia y fueron los principales precursores de la industria a través del desarrollo de Peñaflor y Trapiche. “Aprendí muchísimo con ellos y eso me permitió abrirme camino solo. Primero, con el diseño de la bodega Salentein, en Valle de Uco, y luego con Vistalba, mi hogar”, agrega.
Además de los vinos, Pulenta tiene otra gran pasión: viajar por la Argentina y el mundo. Con un grupo de amigos de toda la vida realizan, año tras año, travesías en moto por un sinfín de pueblos y ciudades. “De Machu Picchu a Ushuaia, hicimos todo en moto. La ruta 40 la conocemos de punta a punta”, se emociona. Aventurero de pura cepa, a la hora de elegir su lugar favorito en el mundo, indica -sin titubeos- New York. “Me fascina cada uno de sus rincones. Es una ciudad que tiene una magia muy especial”, dice. Y su última gran pasión es la familia. Padre de cuatro hijas, se desvive por su nieto Tomás que lo acompaña siempre en la bodega. “Soy un abuelo muy feliz”, resume este hombre que disfruta con intensidad.